Algunas personas se sorprenden de que un
religioso o sacerdote pueda tener simpatías con Nietzsche. O con Marx. Quizá
menos con Freud, por eso de que a la larga el diván reemplazó de a pocos al
confesionario. Como suele suceder, los estereotipos pegan etiquetas
a la gente de acuerdo a sus oficios, desvirtuando y hasta a veces confundiendo el sentido de sus prácticas reales.
A mí -como a muchos otros religiosos o sacerdotes- Nietzsche en particular me habla mucho
porque rescata algo que en el fondo es esencialmente cristiano: un amor
profundo a la vida, en su intrínseco e intenso movimiento de comunicar la libertad. La mirada de historiador
además me ha ayudado a arrancar algunas malezas que pueden confundir inútilmente. El cristiano promedio (es decir, con fuerte tendencia dogmática) no percibe que las críticas ácidas de Nietzsche a la actitud de Cristo -sobre
todo en lo que respecta a la compasión- deben leerse en el contexto del marcado puritanismo reaccionario del XIX. Se olvida que pese a dichas críticas acerbas, en otros
pasajes el filósofo alemán también afirma que el único cristiano es Aquel que
murió en la cruz -agregando claro está, que
la Iglesia habría sido la culpable de la distorsión de lo enseñado por Cristo.
En fin. Los análisis abundan. Sólo he iniciado este post aludiendo a Nietzsche
porque si hay algo que él detectó muy bien es el fundamento de muchos equívocos
en el modo en que vivimos la fe de Jesús. Nietzsche lo identificó con el
platonismo metafísico, ese que proyecta un mundo “celeste” totalmente
desvinculado del terreno, es decir, del cuerpo, de las emociones, de todo ese
centelleo de sensaciones que a fin de cuentas, constituye el día a día de lo
que vivimos o deseamos vivir.
Pues bien, más pasa el tiempo y a medida que ahondo la reflexión sobre
la espiritualidad, más llego a la conclusión de que si no llegamos a entender
que la encarnación de nuestra existencia pasa por un vinculo radical con lo
terreno, no seremos realmente fieles a Cristo. Si los creyentes nos quedamos
atados a preocupaciones casi sectarias como las lamentaciones de que tenemos
menos vocaciones, o que las iglesias están más vacías, o si la liturgia de los
neocatecumenales debe o no ser aprobada por Roma pues…estamos perdiendo el
sentido de la ruta trazada por Aquel que entregó su vida por liberar de las
cargas a los que más estaban oprimidos por ellas.
Lo peligroso es que construimos teorías e
interpretamos desde ese platonismo, casi de manera natural. ¡Es tan fácil huir
para no enfrentar la dificultad de vivir! Ayer resultaba fácil hacer esos “trasmundos”
que tanto fustigó Nietzsche. Hoy es más difícil. Los jóvenes ya no se tragan
los camellos como antes. Ni pretenden licuar los mosquitos de lo que beben. En
esta irrupción adolescente que estamos viviendo in crescendo y con vaivenes desde los años 60, algo se remece: la
compulsión a erigir paradigmas inamovibles, dogmáticos. La llamada “caída de
los grandes relatos” es parte de ese movimiento.
En este panorama es hasta cierto punto
comprensible que haya conatos de reacciones neodogmáticas, de toda índole. En
Francia, el clan Le Pen, en EE.UU., el Tea
Party y los defensores del creacionismo.
Y en el seno del catolicismo, los movimientos “neo” que intentan “rescatar”
modos y estilos que signifiquen un retorno a tiempos en que todo estaba “más
seguro”.
Contrariamente, creo más bien que los tiempos ameritan como para
ver un poco más allá y aventurar exploraciones que antes eran impensables bajo
tantos imperativos aceptados como venidos desde arriba. Uno de los desafíos,
creo, es el que compete a la experiencia espiritual. Los cristianos no podemos
pretender que la única experiencia espiritual válida es la que se subsume bajo criterios teóricos venidos del catolicismo. Es innegable que muchas personas
que pertenecen a otros sistemas de creencias tienen experiencias que nosotros
los cristianos, las interpretamos como “místicas”. ¿Debo o no considerar a un
individuo como Neal D. Walsch (quien afirma en su Conversations with God haber sido partícipe de experiencias de
unión con lo divino) un charlatán por el hecho de no comulgar con todo lo que a
mí me enseña la Iglesia? ¿Debo considerar el satori budista como una experiencia que no tiene nada que ver con
lo que yo entiendo como Dios, por el simple hecho de que en el budismo no
existe una divinidad?
Hace ya varios años, el teólogo Bultmann
levantó polvaredas al hablar de la desmitificación del cristianismo evangélico:
“Creer en Cristo tal como los evangelios
lo predican es experimentar y alcanzar la redención. Sin embargo, hemos de
desmitificar las formulaciones evangélicas y tratar de ver el significado que
poseen para nuestra existencia. ¿Qué significa, por ejemplo, creer en la cruz
de Cristo? No significa creer en un acontecimiento del pasado que se realizó en
Jesús, sino que significa “hacer de la cruz de Cristo la propia cruz, es decir,
dejarse crucificar con Cristo”. Creer en el crucificado significa despojarse
del yo. En eso consiste la salvación. La Cristología se reduce a Soteriología.
La Cristología es “el esclarecimiento de la comprensión cristiana del ser”, “la
explicación de la comprensión de fe del nuevo ser”: todo lo demás no son más
que “representaciones mitológicas y conceptos cúlticos del sincretismo
helenístico” (citado por Leonardo Boff, Jesucristo el Liberador, Sal Terrae 1980, p. 24).
De igual manera, los creyentes nos situamos ante el desafío de desmitificar muchas afirmaciones producto de interpretaciones venidas de
un paradigma corporativo cerrado, dogmático. La experiencia
espiritual, la experiencia mística, debe ser desvelada como una experiencia
profundamente humana y quizá más al alcance de todos, antes que un signo de “santidad”,
esto es, de una singularidad “especial”. Si no la vivimos, más bien deberíamos
preguntarnos por qué. Quizá Dios nos ha dado todos los medios en la vida, para
conectarnos profundamente con El. El que no lo hagamos responde a torpezas u
obstáculos del modo de vida que hemos hecho a través de cientos de años. No pongamos entonces impedimentos a la
experiencia de Dios como quizá lo hacemos por “pegarnos a la letra” de teorías
que merecerían revisarse. El “místico” es quizá un personaje más
natural de lo que imaginamos. Y quizá nuestras maneras de interpretar la
experiencia religiosa, desde el dogma, no está ayudando a que esa experiencia
de unión con Dios, se de de manera más natural.
Mientras más sigamos atados a la metafísica
platónica menos dejaremos a Dios actuar como lo quiso Jesús. Karl Rahner visualizó hace algunos años el
futuro del cristianismo en estos términos: el
cristiano del siglo XXI será místico o no será. Eso no quiere decir que
quien viva una experiencia mística se desencarne, se despoje del cuerpo y que
flote en los cielos como en el Fedón de Platón. Quizá los místicos del mañana están llamados a
ser humanos, demasiado humanos. Exactamente como lo dijo Nietzsche...fuera de la Iglesia.


8 comentarios:
Querido Juan,
me encantan tus formulaciones y que precisamente existan sacerdotes como tú, con tu claridad, inteligencia, amplitud, y ,a mi modo de ver, con una auténtica espiritualidad cristiana. En efecto, la "limpieza del terreno" en el catolicismo pasa por ese tipo de reflexiones profundas, abiertas al pensamiento humano, que la evolución de éste y sus riquezas, en diversas culturas,también deben ser asimilada al pensamiento cristiano. Que tal vez toda la humanidad, y no sólo parcelas, tienen revelaciones que conectan de diversas maneras con lo divino. Casualmente , estaba leyendo al meister Eckhart y me llama la atención esta frase que me resuena con tu reflexión:"... rogamos a Dios que nos vacíe de Dios, y que alcancemos la verdad y la disfrutemos eternamente, allí done los ángeles supremos, las moscas y las almas son iguales..." este párrafo alejado de todo platonismo se asemeja más al pensamiento de una Simone Weil o al budismo que a las frases dogmáticas y herrumbrosas a que estamos acostumbrados. Eckhart dice que Dios es el fruto de la nada. Considero que para que los cristianos , de toda clase, lleguen a esas reflexiones deben pasar por un proceso de autodemitificación , quizá eso de crucificar el yo sería una buena imagen.
Siempre atenta y agradecida
un abrazo y que tengas un feliz año
anamaría
Muchas gracias, Ana María, como siempre tus lucidos comentarios son un aliciente para sentirme..."acompañado". En efecto, no es fácil procesar una autodemitificacion, porque nos sentimos amenazados por el vértigo de la nada...es decir, nos da miedo pensar por nosotros mismos. Para crecer espiritualmente debemos dialogar en términos equitativos con la autoridad. La Iglesia nos permite hacerlo, pero a veces no ejercemos nuestro derecho por ignorancia o por temor. Un abrazo y como siempre bienvenidos tus comentarios!!
Empiezo a creer que hay dos significados de Desmitificar. Uno, con carga negativa, que parece sinónimo de "desenmascarar". Y otro, con carga positiva, que parece sinónimo de "descubrir el significado racional y oculto" de algo.
Bueno, finalmente ese es el significado de "aletheia" que tanto fascinó a Heidegger: desocultar el Ser. En la medida en que salimos del "mito" -en el sentido negativo, como dices- afrontamos la verdad en su desnudez originaria.
padre no se si la pregunte k voy a formular tenga relacion con el post.
mire en cuestiones digamops pastolares, dogmaticas k se yo, no me ago tanto prolema; pero lo k si me molesta cando no se respeta la liturgia, es mas me llamo mucho una liturgia con canto adecuados, casi solemnes, casi irritandome cuando llenan de aplausos y vivas carismaticas la misa, en sintensis y no se si es k me dejo explicar bien...
me llama la misa, la lituriga; pero no me siento para nada tradicionalista ni neo con, lo k es peor para mi, no me hallo en ningun grupo, movimiento,etc lo k me hace sentir muy solo en mi buskeda de fe.
jose v
En parte, estimado José V. tu comentario tiene que ver. Mi post apunta a una idea: no olvidemos que lo más esencial es el contacto con Dios, y para ello otras tradiciones o sistemas de creencias pueden también enseñarnos medios para ello, aun y cuando no comulguen en un 100% con lo que se dice en la Iglesia católica. Esa apertura a lo universal es lo que en principio nos define como católicos.
Por ello importan los medios. El sacramento de la eucaristía lo es, y debiera ser el espacio por antonomasia en el que el individuo se sienta transportado a un contacto con lo divino. Lo que dices es cierto, mucha gente se siente incómoda con algunos rituales y no por ellos serán tradicionalistas o "neo----". Lo que dices es un real problema sobre todo en nuestro medio, en el que las propuestas litúrgicas a nivel general, son pobres. Pero la ineficacia de los humanos no debiera ser motivo para el alejamiento de una institución que a fin de cuentas tiene dos mil años intentando vincular humanos y lo Divino. No creas que estás solo. Somos muchos que estamos en esa búsqueda!! Por eso, lo que define la búsqueda es el desafío de seguir creyendo que es posible encontrar aquello que creemos.
Gracias!
estimado juan
porque creer en el crucificado es despojarse del YO?
Es un modo de decir que creer / seguir a Aquel que llegó a entregarse en la Cruz, es hacerlo por las razones que El siguió: una defensa radical de aquellos que están oprimidos y descastados. Colocar al Otro como finalidad existencial, olvidándose de sí mismo, es ese el sentido de "despojarse del Yo" (de los ego-centrismos...)
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