La crisis de los sistemas económicos que estamos
viviendo desde los últimos años, no es el único escenario visible de cambios en
el modo de administración de recursos en el planeta. Paralelamente, la
conciencia ecológica ha ido cada vez más en aumento, así como la constatación
de que la idea de “desarrollo” tiene que ser seriamente analizada si no
queremos repetir de nuevo los viejos errores.
No hay mal que por bien no venga; la crisis de los modelos extremos del
capitalismo nos hacen ahora pensar sobre cuestiones más esenciales que habían sido
dejadas de lado, simplemente porque el mecanismo del sistema, nos hacía olvidar
lo fundamental: ¿cuál es el fin del consumo de bienes? Esta pregunta no se la
puede hacer aquel que está demasiado metido en el meollo del sistema. Ni el megaempresario
ni el megaconsumidor. Ni los Donald Trump ni las Paris Hilton.
En los últimos años, los diversos cambios de ruta que vienen impulsando
la vida en el planeta, han hecho emerger de nuevo la pregunta por el sentido. Ya
no sólo son filósofos o teólogos quienes dicen que la cuestión del sentido
debiera ser el eje de la sociedad, sino que esto termina siendo materia para
los especialistas en temas económicos.
La pregunta es cómo puede darse un giro en el timón sin que el buque nos
quede de lado. Pienso que los sistemas organizativos de la sociedad del futuro
se vienen enfrentando a nuevos retos. Por ejemplo, si lo que constatamos es que
las decisiones económicas toman la delantera hasta imponerse a las políticas de
estado, y lo que es peor, que muchas de esas decisiones parten de intereses de
colectivos minoritarios, entonces lo que se plantea es el cuestionamiento mismo
de los sistemas jerárquicos en las tomas de decisiones.
Todo está atado a esta visión jerárquica. Ha sido siempre así y pensamos
que incluso si cambian los paradigmas de organización social, siempre debe
pensarse en función de esquemas jerárquicos. Si bien es cierto que en materia
de comando y ejecución es inevitable una escala organizativa de este tipo, en
materia de tomas de decisión debiera pensarse otros modos de convocatoria.
El a priori de los sistemas económicos que nos han llevado a la situación
actual es que existe gente preparada y otras que no lo están para pensar el curso
que debe seguir una sociedad organizada. Pues bien, lo que se está demostrando
en el Africa y en América Latina es que puede haber otras maneras de
organizarse económica y financieramente. Por lo tanto, tomar en cuenta el curso
de las decisiones económicas puede pensarse desde otras bases.
No es que la gestación de “empresa” o la misma idea de mercado estén en
cuestión. Sabemos de sobra que el sistema en el que el mercado regula las
transacciones de los individuos es parte del engranaje por el cual los
individuos se colocan en relación unos con otros. Pero el tema de fondo es de
qué manera construyo mi existencia y en función de qué finalidades. La economía
debiera ser un simple mecanismo en el que todos los individuos debieran tener suficientes
facilidades para disponer de su tiempo de ocio en función de algo diferente que
la transacción, es decir, del consumo de objetos -cuyo núcleo, lo sabemos,
reside en el mecanismo de reproducción del consumo casi ad eternum.
Pienso por ello que el cambio quizá deba partir de los modos en que los
que toman las decisiones económicas cambien su enfoque. Si piensan que la “masa”
es un ejército consumidor de reservas de todo tipo, entonces seguiremos
anclados en el mundo que estamos, poniendo parches en la cúspide de la pirámide
pero que a la larga, no podrá soportar el edificio ya que con tanto remiendo, toda
la construcción terminará por ceder.
Quizá una de las fórmulas sea la de promover giros en el modo de pensar
los roles profesionales y sociales. Es el caso de los “empresarios sociales”, que
surgen desde los 80s y sobre todo en los 90s (el caso más célebre es el del Premio
Nobel de la Paz 2006, Mohammad Yunus). En algunos casos se trata de
especialistas de financiamientos para colectivos de escasos recursos, pero
también se trata de empresarios cuyo fin es desarrollar a su vez nuevos
mercados en los que distintos colectivos puedan ser capaces de desarrollar sus
propios mercados y así generar financiamientos fuera de los circuitos
monopólicos. El a priori aquí es que sin desarrollo social el mercado no llega
a su plenitud. Por lo tanto es claro que cada vez más se piensa que los nuevos
modelos deben desarrollar las intuiciones liberales aunque con un marcado
sentido social.
Ahora bien…se preguntarán ¿qué tiene que ver esto con la espiritualidad?
Pues mucho. Aquellos que se plantean estos giros en el manejo socio-político y
económico parten de un fundamento que quizá no está suficientemente tematizado
o consciente en todos ellos: el sentido de la vida no puede estar atado al
paradigma de éxito que a su vez se base en la acumulación de bienes y de
objetos cada vez más complejos. La felicidad no es una aritmética cuyos signos
son las cosas que compramos o las que dejamos de comprar.
La ansiedad a la que empuja el sistema de consumo contemporáneo hunde al
individuo en el olvido del sentido de su existencia y el significado de la
felicidad. El sistema laboral en el que el sujeto pasa horas de horas para
acumular posibilidades de crédito que luego echa en la caldera del consumo para
alimentar la máquina cada vez más voraz, no le da tiempo para pensar si la
tecnología de punta que siente que “debe comprar” o si las vacaciones en las que
“tiene que” viajar, o las “comodidades” que debe ganar, realmente le hacen
esencialmente más feliz.
Creo pues que en el futuro, deberá haber más inclusión de los temas que
exploren el sentido de la existencia en las “ciencias” económicas o políticas
de modo que ayuden a explorar cómo el ser consciente del sentido, puede
realmente agregar mayor “calidad de vida” a individuos y colectivos. Quizá
entonces podremos darnos cuenta que no puede haber sistemas económicos ni
políticos que no sean pensados de un modo espiritual. Porque una vida que no se
plantea estas directrices termina por confundirse con las cosas que nos
compramos o acumulamos y, oculta bajo esos maquillajes, al envejecer, le cuesta
más trabajo volver a lo esencial. Creo que los tiempos que vivimos están
gracias a Dios, levantando estas capas de maquillaje y de inútil botox. No es
que los objetos materiales sean en si satanizables, pero su consumo no es el sentido.
El sentido está en otra parte. La economía por eso, podría ser una herramienta
del espíritu, antes que una mera regulación en beneficio de un mecanismo
material.


6 comentarios:
Importante reflexión en estos tiempos de vorágine consumista imparable, donde éxito es leído como éxito material, económico, puro y duro. De acuerdo en no satanizar pero creo que el tema del poder atraviesa por completo esta realidad, lo cual complica el panorama. En todo caso, creo que ningún escenario es desdeñable para insistir, de diversas maneras, en la existencia de formas diferentes de vivir, distintos modos de entender el éxito, la felicidad, el consumo, en fin...la vida. Gracias por la reflexión.
En efecto, Odette; toda "metodología" para imaginar un cambio, debería dirigirse a entender mejor el modo en que el poder es vivido por individuos y colectivos que asumen espacios de representación y/o responsabilidad. Si eso no se hace, seguiremos mordiéndonos la cola. Saludos!
Muy pertinente
Fui parte del campamento de Indignados en Montreal, tambien situado en el centro financiero de esta ciudad. Puedo atestiguar que la experiencia vivida, los metodos de organizacion (200 carpas y 500 personas) las asambleas publicas diarias y su forma de llegar a consensos, la absoluta entrega al projimo, la rotacion de lideres al punto en que no habia realmente ninguno, fueron para mi lo mas hermoso que he vivido como Cristiano. Un nuevo paradigma en formacion en el cual la carne, el espiritu, la sociedad, las relaciones economicas, se unificaron en un modelo de amor, democracia y belleza. Sera este el paradigma de espiritualidad post-moderna y organizacion social mas justa a la que aspiramos y nos dirigimos? Dificil responder. Tus dos recientes posts estan en la vanguardia Juan. Reflexiones precisas e inspiradoras. Sigue con el buen trabajo.
Paul desde Montreal
hola padre, si bien este post tiende a muchas reflexiones, padre pude postear algo sobre el neo tomismo y la economia, como pensar una nueva funcion de utilidad cuando sabemos que la maximizacion - optimizacion siempre seda por esta funcion de utilidad, soy estudiante de economía, y los profesores nos remarcan siempre que el verdadero problema es la politica económica mas que la economia en si, pues son los intereses personales o de grupo los que desfiguran la propia aplicacion de la teoria economica.
la crisis actual eminentemente, finaciera, nos ace pensar muchas cosas, vernos a nosotros vs. las economias europeas en donde se ha vivido "la vida loca" jajaajaj; francamente padre la mayoria de los indignados son personas a las qie las crisis les a afectado mucho, pero su indignacion va mas por el lado de que ellos kieren seguir manteniendo el ritmo de vida y que ahora no pueden mantenerlos, asi que alli no hay nada de espiritual.
jose v
¿Cuál es el fin del consumo de bienes?
Al reflexionar este cuestionamiento que Ud. hace en su post, viene a mi algo que leí hace poco en un reflexión sobre el Das Capital de C. Marx; Desde la óptica marxista todo es mercancía; los hombres desarrollan su vida a través del intercambio de mercancía; comprando mercancías, deseando mercancías, por ende llegara un momento en que esos hombres se transforman en otra mercancía.
Desde este prisma, ¿Cuál es el fin del consumo de bienes? Pues nada más que obtener cosas; la vida humana deviene cosas; queremos mercancías, trabajamos por mercancía, nos venden mercancía, todo es mercancía y finalmente nos convertimos en mercancía.
Pues sin duda hoy vivimos en el Vértigo del consumismo. Pero lo lamentable, desde mi reflexión, es que ni siquiera la religión representa ya una fuerza de oposición al avance del consumo. Esto podría ser en parte en que mientras las ideas de placer y deseo se desvinculan del "pecado", la necesidad de cargar con la propia cruz ha desaparecido.
Gilles Lipovetsky, dice que existe una reinterpretación global del cristianismo, que se ha adaptado a los ideales de felicidad, hedonismo, plenitud de los individuos, difundidos por el capitalismo de consumo: el universo hiperbólico del consumo no ha sido la tumba de la religión, sino el instrumento de su adaptación a la civilización moderna de la felicidad en la tierra.
Aquí tengo una consulta sobre si ¿la religión hoy en día es un medio de propagación del consumismo? tengo esta interrogante al ver como la religión en lugar de encontrar en el consumismo su fin se ha metamorfoseado en este y esto se puede ver en aspectos como incorporación comunitaria libre y el de la experiencia emocional, aspectos compartidos por la religión y el consumismo.
Sin duda su post hace un importante análisis sobre como la cultura occidental ha entrado en una fase de indescriptible caos, en "la era del vacío", ya sólo sabe "sentirse lleno" en el fugaz momento de la adquisición de un objeto. Un objeto que, de momento, le aporta una revitalizante euforia, pero que, después, queda contaminado por la esterilidad, la impotencia y la desorientación espiritual del sujeto que lo ha adquirido.
Con todo esto, Juan, de qué manera un creyente hoy, puede encontrar, un verdadero camino espiritual, en medio de esta sociedad del hiperconsumo donde incluso la espiritualidad hoy se compra en los anaqueles de las librerías de los malls, llenos de libros de autoayuda, zen y meditación. En resumen ¿Cómo ser místicos en medio de la sociedad del consumo?
Saludos desde Ecuador,
Víctor Manuel.
Confio en que la economia se transforme ahora y en adelante en una herramienta del espiritu.
Antonio
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